juego dramatico
Aprender jugando
Bernardo Carpente
Profesor de EGB
Juegos, recursos y experiencias para expresarse libremente y para aprender. Las propuestas
que se incluyen han sido ensayadas en el ciclo medio de EGB. Se propone la globalización,
con la introducción del juego dramático en este ciclo.
ciclo medio de EGB, juego dramático, teatro
Tenemos tendencia a valorar negativamente al niño que no juega, pero con frecuencia olvidamos la importancia
de la práctica del juego, considerándolo como una actividad suplementaria, de distracción, sin objetivos
claros.
Aprender jugando ha ido, poco a poco, pero sistemáticamente, desplazando aquella «dolorosa» idea da «la
letra con sangre entra»... Afortunadamente, hoy la mayoría de maestros y educadores buscamos nuevas formas y
métodos de aprovechar los intereses lúdicos del niño, a la hora de impartir los contenidos de los programas. La
Administración también lo entiende así, y de ahí la tan discutida prohibición de los «deberes», y, sobre todo, la
inclusión en los programas renovados de áreas creativas: música, plástica y dramatización. Esta decisión supone
un loable esfuerzo por alegrar la escuela actual. Sin embargo, y en el caso del juego dramático, esta necesaria
decisión no deja de ser una declaración de buenos propósitos...
A pesar de nuestra labor en las escuelas, hemos de reconocer que este proyecto no será realmente viable
mientras no se emprenda una verdadera remodelación, por la vía institucional, de la tan traída y llevada infraestructura
educativa. Veamos qué es lo que ello supone.
En lo referente a la formación inicial del profesorado, es necesario introducir
el juego dramático en el currículum escolar de las Escuelas de Magisterio,
abriendo puertas a los expertos y profesionales del teatro.
En cuanto a la formación de los profesores en activo: se impone el
reciclaje de la totalidad de los maestros a los que correspondiese impartir el
juego dramático. No se puede abandonar al «voluntarismo» de unos cuantos,
que se lo procuran fuera de las horas de trabajo o en Escuelas de Verano,
siempre lejos de los cauces institucionales.
Se hace necesario, también, crear una atmósfera de aceptación del hecho
teatral. Creación en los colegios del «taller de teatro», atendido en horario
extraescolar por profesores que tendrían una reducción de su horario lectivo,
equivalente al tiempo dedicado al taller.
Hace falta la subvención específica a los colegios y Centros de Recursos,
para decorados, iluminación, construcción de escenarios, etc., así como
a las actuaciones de grupos de teatro infantil y titiriteros en los colegios.
Se puede acusar de utopía la pretensión de todas estas medidas como
necesarias; pero lo utópico seria considerar que este proyecto pudiera progresar
sin ellas.
EL JUEGO DRAMÁTICO EN EL CICLO MEDIO
Los niños empiezan a jugar antes de hablar y andar. Poco a poco, el juego se va convirtiendo en un mecanismo
de proyección. Más tarde, llegan los juegos de imitación,
los de creación e imaginación... Ya en la edad del
ciclo medio, el juego deja de ser individual para convertirse
en colectivo, desarrollándose la capacidad de establecer
relaciones sociales. En esta etapa los niños comienzan
a necesitar ciertas reglas en el juego. Reglas que pongan
un orden al caos fe jugar juntos, pero no «con», que regía
en la etapa anterior. No hay que olvidar que el juego acompaña
al niño a lo largo de toda su infancia, a lo largo de
toda su vida..., y, al igual que él, sufre las mismas transformaciones.
En el ciclo medio el niño está en la edad de
mayor aprovechamiento de todo lo que el juego le ha enseñado:
pone a prueba su desarrollo psicomotor y
cognoscitivo; social y afectivamente, juega a medir sus
posibilidades con y entre los demás; domina conscientemente
la forma simbólica del juego; es capaz de modular y
matizar el gesto y la voz; sus acciones han aprendido el
proceso de principio, norma y fin, puede ordenar hacia
atrás y hacia delante en el tiempo y en el espacio mental;
aprovecha al máximo su fantasía, utilizándola y diferenciándola
de la realidad...
Todo esto forma parte de su personalidad y por ello
es absolutamente necesario tenerlo en cuenta en el proceso
educativo: el juego es una actividad natural que permite ejercer todas las posibilidades del ser humano, construir
su inteligencia y fijar su personalidad. Por ello ha de ser mantenida y estimulada, proporcionando medios y situaciones
adaptadas que permitan su exploración... Dadle al niño una palabra, un color, una canción, un cuento... Y
veréis como desde lo más profundo de su personalidad es capaz de transformar las cosas, respetando por encima
de todo el carácter global de su persona.
INTERVENCIÓN DEL MAESTRO
La extendida idea de que los niños ya saben jugar es sólo un verdad a medias. El juego colectivo necesita
muchas veces del apoyo de un adulto que lo guíe, para que no se convierta en demasiado caótico, agresivo o
frustrante. El niño agradece esa ayuda y confía más en que su juego tendrá éxito.
La intervención del maestro, pues, ha de ir encaminada a potenciar la actividad estructurante, es decir,
aquella que el niño desarrolla cuando se enfrenta a una situación nueva, buscando dentro de si los medios que le
llevarán a una solución adecuada.
¿PRETENDE EL JUEGO DRAMÁTICO FORMAR ACTORES?
Si, pero actores libres y activos, transformadores y gozadores, si no del teatro, si de la escuela y de la vida.
La clase del juego dramático no debe, en ningún caso, orientarse para preparar la «obrita de fin de curso»
con que agasajar a los padres y allegados. Ello conllevaría a la alienación de los más, en beneficio de los menos, los
que actúan. Y en el juego dramático deben jugar todos.
Buscaremos entonces juegos en los que actúe toda la clase o vayan actuando en pequeños grupos para el
resto, de modo que se vaya formando ese espectador activo que buscamos, ese espectador respetuoso y crítico de
todo lo que observa y vive.
Por tanto, sí a la obrita de fin de curso... Pero preparada en esos talleres de los que antes hablábamos.
Los niños elegirán, según sus intereses, el taller de Informática, de baile, de plástica...; o de teatro.
CRITERIOS DIDÁCTICOS
Es necesario educar la capacidad sensitiva, la capacidad perceptiva y la capacidad representativa y simbólica.
Por otra parte, recordaremos que no existe una técnica de expresión; el cuerpo se expresa a cada instante
relacionando todos los matices de las conexiones entre el mundo exterior e interior. El juego dramático favorecerá
esa relación, desarrollando la capacidad de análisis de la realidad.
OBJETIVOS DEL JUEGO DRAMÁTICO EN EL CICLO MEDIO
Veamos algunos de nuestros principales objetivos:
· conseguir la desinhibición individual y de grupo;
· desarrollar la capacidad de adaptar y adaptarse a situaciones nuevas;
· desarrollar la imaginación y la capacidad de expresión; potenciar la creatividad;
· conocer los elementos básicos de un texto dramatizable;
· favorecer la improvisación, dramatizar cuentos populares, romances y pequeñas historias de creación propia;
· recuperar y asentar los juegos tradicionales, sus melodías, cantinelas, movimientos...; potenciar la creación
de nuevos juegos;
· recuperar y «vivir» las fiestas parateatrales del entorno escolar: música, danza, plástica...
Os propongo alegrar la escuela y abrirle la puerta del aula a ciertos colaboradores:
El baúl de los disfraces:
dícese de aquel cajón enorme que contiene ropa en desuso, trapos varios, abanicos, maquillajes, antifaces,
guantes, gafas, caretas, paraguas, sombreros, cintas, bisutería... y todo cachivache que se pueda imaginar para
ayudar a imaginar. Un espejo, grande si es posible, para maquillarnos, reirnos, jugar a hacer muecas, observarnos
desde distintos ángulos, crear escenarios e iluminaciones; El buzón de los juegos: esa caja de galletas o zapatos
disfrazada de buzón, que sirve para recibir las cartas de los niños en las que nos explican cómo se juega a... en su
barrio, o a lo que jugaba el abuelo, sus padres, sus vecinos o el guardia de la esquina... (Cada semana sacamos una
carta: el «afortunado» nos enseña el juego y... lo jugamos; ¿qué mejor modo de recuperar los juegos populares?).
GLOBALIZANDO A PARTIR DEL JUEGO DRAMÁTICO
Objetivo
Desarrollar la oralidad (crear historias).
Estrategia
Mantener el cuerpo ocupado en una actividad sistematizada para desinhibir la palabra y el gesto.
Clase de lenguaje
Se repartirán entre los niños periódicos y revistas para que cada grupo de 5 o 6 seleccione un artículo.
Se leen para toda la clase los artículos seleccionados. Se votan 4 o 5 personajes y una situación (el lugar
donde ocurre y el origen del conflicto).
Música
Aprendemos una canción, apta para cantar mientras corremos.
Como ejercicio de desinhibición utilizaremos las sillas. Cada pareja toma una silla y la transporta por toda la
clase. A una señal, uno de la pareja le dice al otro un tema, y éste debe comenzar a hablar sobre él.
En un momento dado, a la señal «¡cambio!», los papeles se intercambian: el que hablaba cesa de hacerlo y
propone un tema; su pareja ha de comenzar a hablar sobre él inmediatamente.
Juego dramático
Tomamos tantas sillas, menos una, como alumnos van a participar (toda la clase, o en grupos de 5/6). Las
ponemos con el asiento hacia el exterior. Los niños corren en fila alrededor de las sillas cantando la canción que se
ha seleccionado en clase de música. A una señal del profesor, procuran sentarse; el que no lo consigue tiene que
empezar a contar una historia, dando entrada a los personajes seleccionados dentro de la situación convenida.
Procuraremos actuaciones cortas para que todos los chavales puedan aportar algo a la historia... Vamos dando
sucesivas señales, entre las cuales los niños reanudarán su canto desplazándose alrededor de las sillas. Cada vez, el
niño que no consiga asiento deberá retomar la historia donde la dejó el anterior.
Otra opción
Si disponemos de colchonetas, dividimos a los alumnos en varios grupos pequeños y los numeramos.
Habrá tantas colchonetas como grupos, y en cada una de ellas colocaremos una serie de objetos al azar.
A una señal del profesor, cada grupo se desplaza alrededor de su colchoneta cantando y manteniendo un
ritmo.
El profesor dice un número, y el «agraciado» de cada grupo se lanza a la colchoneta y comienza a contar una
historia a sus compañeros; éstos la irán mimando con gestos, acompañaran con sonidos onomatopéyicos... etc. (El
desarrollo de la historia se irá produciendo de manera similar a la del juego anterior).
Lenguaje
Cada grupo debe recomponer la historia, resumiéndola si procede, y aclarando su planteamiento, nudo y
desenlace. A continuación se escribirá en forma dialogada. Se reparten los papeles..., y por último, se ensaya para
toda la clase, a modo de «teatro leído.»
Plástica
Cada grupo elabora el material necesario para la representación de su pequeña obra.
Juego dramático
Se realizan representaciones en grupos, para el resto de la clase.
UNA EXPERIENCIA DE JUEGO DRAMÁTICO EN EL CICLO MEDIO
Objetivos
Conocer los elementos básicos de un texto dramatizable. Favorecer la improvisación. Dramatizar pequeñas
historias de creación propia.
Actividades
Situamos todos los niños en corro; el primero dice al azar un personaje. El segundo, su antagonista; el tercero
dice otro u otros personajes; el cuarto determina el espacio donde se encuentran esos personajes; y el tiempo
(histórico o cronológico).
Inmediatamente, cada grupo de cinco niños pasa a discutir qué podría suceder a esos personajes, en ese sitio
en ese tiempo.
Ayudados del baúl de los disfraces y de su gesto, dividen la acción en cinco imágenes estáticas y mudas,
teniendo en cuenta que: en la 1.ª y 2.ª viñeta se deben presentar los personajes y plantear el conflicto; en la 3.ª y 4.ª
el nudo; y en la 5.ª el desenlace.
Desarrollo
Una vez preparadas y ensayadas las viñetas y elegidos los disfraces, se sitúa el grupo que va a actuar frente
al resto de la clase. Un actor dice «cerrar», y los espectadores cierran los ojos; momento que aprovechan los
actores para representar a modo de estatuas la primera viñeta. «Abrir»... Los espectadores abren los ojos y observan
durante unos 10 segundos; entonces vuelven a recibir la orden de «cerrar»...
Una vez representadas plásticamente las historias, su estructura, planteamiento, nudo y desenlace, resultan
fácilmente comprendidos por el alumno. Es el momento de ensayar los personajes, improvisar los diálogos, preparar
los decorados..., en una palabra: elaborar y escenificar las creaciones.
CÓMO APRENDER LA TABLA JUGANDO
· Cada niño se confecciona en un folio un número del 0 al 10, por duplicado: para poner en la espalda y en el
pecho (podrían también utilizarse camisetas de deporte numeradas).
· Hacemos equipos de 11 niños (si fueran menos, procuraríamos que se dieran todas las combinaciones; de 6:
unos llevarían del 0 al 5 y otros del 5 al 10).
· Marcamos dos campos rectangulares y cada equipo ocupará uno de ellos. Distribuidos en dos filas, presentarán
sus palmas. Un niño, por ejemplo
el 3, sale de su campo y atraviesa la línea
central; le da con sus manos abiertas
en las palmas al nº 6 del equipo contrario;
simultáneamente debe gritar fuerte
y claro «¡18!» El balón imaginario
debe tocar ahora a dos compañeros antes
de volver al contrario. Supongamos
que el 6 se lo pasó a su compañero nº 5
diciendo «¡30!»; el 5 se lo pasa al 7 diciendo
«¡35!» El balón debe volver ahora
al campo contrario.
Como podéis ver, este juego admite
múltiples aplicaciones y variaciones;
en vez de jugar a la multiplicación,
podremos jugar a nombres de flores, de animales, a decir el nombre del contrario, etc.
DIEZ JUEGOS PARA REALIZAR MIENTRAS ESCUCHAMOS... A VIVALDI
Todos en círculo, nos movemos al son de la música. Uno sale al centro utilizando un palo de escoba como...
¡un caballo!; se lo pasa a otro que, saliendo al centro, transforma el caballo en... ¡una lanza!, y así sucesivamente,
dejando que la imaginación desfuncionalice por sí sola al objeto.
Situados en círculo, cada uno somos el espejo del que se mueve en el centro.
Por parejas; uno de los dos se mueve libremente a cámara lenta y su pareja hace de imagen reflejada en un
espejo.
Hacemos carreras «a ver quién llega el último», siempre avanzando en cámara lenta.
Individualmente o por parejas, desplazarse con un globo, pero sin tocarlo con las manos.
Conducimos de la mano a un compañero con los ojos vendados por el aula; le vamos describiendo los
insólitos lugares que atravesamos.
Por parejas, uno adopta una postura, y el otro, con los ojos cerrados y utilizando únicamente el tacto, intentará
descubrir qué postura es y adoptarla (o lo mismo, pero a «pares»: estatuas compuestas por dos niños, que otros
dos tratan de averiguar).
Situados en dos filas que se dan la cara, una fila cierra los ojos y los de la fila de enfrente se intercambian y
extienden sus manos, que serán examinadas por «los ciegos». A continuación se retoma la posición inicial y los
ciegos tratan de encontrar las manos examinadas.
La misma disposición que en el juego anterior. Una fila cierra los ojos; la otra cambia un pequeño detalle de
su indumentaria, y la primera fila, ya con los ojos abiertos, debe averiguar qué ha cambiado.
En grupos de 5 o 6, van saliendo, de uno en uno y adoptando una postura; el siguiente lo observa y adopta
otra postura, pero relacionándose con el anterior, y así sucesivamente hasta componer un cuadro. Al final cada
uno explicará su postura y qué es lo que creyó ver antes de intervenir en la composición.
VALORACIÓN DE LA EXPERIENCIA
La Escuela de Magisterio había amontonado en mi cerebro algunos conocimientos mas. Las oposiciones me
obligaron a memorizar teorías, nombres y más nombres de ilustres pedagogos, amén de algunos comentarios de
texto que de muy poco me sirven... De pronto, vi ante mí a cuarenta niños... ¿qué hago? A la hora de la verdad
sabía más cosas, pero absolutamente nada sobre el enseñar; y tuve que recurrir a «la m con la a: ma». En cuanto a
aburrimiento empataba con mi maestro de antaño, ...y eso no era lo que me pedía el cuerpo. Necesitaba la colaboración
activa e ilusionada de los niños.
Y no lo conseguía.
Pero un fin de semana llegó por Galicia Federico Martín. Y nos habló de «los martes de cantar y contar». Por
fin, un maestro que conseguía resultados (léase Recrear la escuela, Editorial Nuestra Cultura) nos explicaba cómo
lo hacía. Nos hablaba de sus detonantes poéticos, de cómo, partiendo de una estructura de J.R. Jiménez, de Guillén,
del Romancero, de una palabra, de un color, de un binomio fantástico (Gramática de la fantasía - Rodari)... Sus
niños escribían aquellos maravillosos poemas. Nos abrió libros para trabajar en el aula como «¡Ay, Filomena,
Filomena!», o «Las Greguerías» de Ramón Gómez de La Serna... Luego me fui a Madrid, a la Escuela de Verano
de Acción Educativa; a trabajar el cuento de hadas con Yolanda Monreal; a profundizar en dramática creativa con
Federico; la fantasía, con Joan Gisbert; pantomima con Carlos Herans; la construcción de cometas con Javier
Carvajal; psicomotricidad con Félix F. Vidal..., tantos y tantos, hoy entrañables amigos, que no hablaban, como el
catedrático de La Normal, inalcanzable, indiscutible y temido, desde su tribuna; sino que lo hacían como el compañero
que, como tú, lucha cada día con treinta o cuarenta alumnos y, poco a poco, fue descubriendo ese indecible
arte de «ser un buen maestro», de enseñar en un clima de afectividad, y, por qué no decirlo, de amor por lo que se
hace y por quien se hace: el niño.
Lo que en un principio pudiera parecer un agobio: asistir a cursillos, seminarios permanentes, leer a Rodari,
a Bruno Bettelhein.., fue paulatinamente haciendo mis clases más lúdicas para mis alumnos y más satisfactorias
para mí, gracias a la posesión de recursos que otros maestros de a pie me habían proporcionado.
Hoy, humildemente, os presento una serie de juegos tomados de aquí y de allá, en libros, en algunos de esos
cursillos, en mi niñez, en los niños..., o fusilados de algún compañero. Todos ellos pueden realizarse en el aula o en
la sala de usos múltiples, aunque hay quien prefiere el aire libre. Casi todos permiten actuar a la totalidad de los
niños simultáneamente y sólo unos pocos son de pequeño grupo, que también es necesario para ir formando aquel
espectador activo, respetuoso y crítico. Han sido probados con mis alumnos, vecinos de un barrio con poco campo
y mucha tele... y funcionan. Los niños, jugando, aprenden... y se lo pasan bien. Entre ellos y yo ha nacido una
relación entrañable que sobrepasa la estricta frontera docente-discente.